Oración

Himno a la Virgen de Gracia

De tan clara fuente mana tu hermosura

Como el alba pura, de tan clara fuente.

Llena eres de gracia, te lo ha dicho el Ángel

Como en un susurro que acaricia el aire.

Reina y Madre nuestra, divino mensaje

A tus pies postrado te lo dijo el Ángel (bis)

Virgen de las Cuevas, Señora de Gracia,

Semilla del cielo sembrada

En el suelo de nuestra montaña.

Tesoro escondido en la Cueva Santa,

Madre de los pobres, ramito de flores,

Luz de nuestras almas.

Virgen de las Cuevas, Señora  de Gracia.

 

Este lugar es tierra sagrada

Este lugar es tierra sagrada, este lugar es cueva de encuentro.

Este lugar es tierra de todos, este lugar es cueva de amor.

Este lugar es tierra de vida, este lugar es cueva de gracia.

Este lugar es tierra de amigos, este lugar es cueva de luz.

Este lugar es tierra distinta, este lugar es cueva de hijos.

Este lugar es tierra de hermanos, este lugar es cueva de Dios.

Jesús nos invita a orar

Orad siempre sin perder nunca la esperanza.  (Lc 18.1)

Tú, cuando ores, entra en tu cámara y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en el secreto, y tu padre que ve en lo escondido, te recompensará. (Mt 6,6)

“Y, al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo”. (Mt 6,7-8)

“Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra un alguno, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas”. (Mc 11,25)

“Yo os digo: Pedid y se os dará: buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, le abrirán”: (Lc 11,9)

“Os aseguro que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. (Mt 18,19-20)

Uno de sus discípulos dijo a Jesús: Señor, enséñanos a orar… él les respondió: cuando oréis decid: padre nuestro que están en el cielo…(Lc 11,1)

Me gustaría conocerte

Señor, me gustaría conocerte cada vez más. Tú ya me conoces, me has llamado por mi nombre. Yo sé que tú me has escogido para ser uno de tus amigos. Yo también quiero escogerte, tú serás desde ahora mi amigo. (Anónimo)

Pistas para la reflexión

¿En qué momento de mi vida personal, profesional, cristiana me encuentro?

¿Qué intereses mueven, actualmente, mi vida?

¿Cual es hoy mi búsqueda?

¿Qué me alegra y qué me agobia el corazón?

¿Amo y me siento amado por aquellos que están más cerca de mí?

¿Necesito perdonar o ser perdonado para encontrar la paz?

¿Dios, es suficientemente presente en mi vida actual?

¿La oración, forma parte de mi vida?

¿Siento viva mi fe cristiana o bien se ha enfriado? ¿Porqué?

¿Quién es Jesús para mí?

Ante ti, Señor

Estar aquí, ante ti, Señor, y nada más.

Cerrar los ojos de mi cuerpo,

Cerrar los ojos de mi alma,

Y quedar inmóvil, callado.

Darme a conocer a ti, que estás aquí y te manifiestas a mí.

Estar presente, ¡oh infinito presente!

Acepto no sentir nada, Señor,

Vacío de toda idea, de toda imagen, en la oscuridad.

Aquí me tienes, para encontrarte sin obstáculos,

En el silencio de la fe,

Ante ti, Señor.

Plegarias para todo y para todos

El Señor es mi luz y mi salvación. ¿A quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida ¿Quién me hará temblar? (Salmo 26,1)

Señor, ve delante de mí para guiarme, ve detrás de mí para impulsarme, ve debajo de mí para levantarme, ve sobre mí para bendecirme, ve dentro de mí para que cuerpo y alma te sirva a gloria tuya.

Como anhela la cierva las corrientes de las aguas, así te anhela mi alma. ¡Oh Dios! Mi alma está sedienta de Dios, del Dios vivo. (Salmo 41.2)

Padre del cielo, no alejes de mí tu voluntad, vuelve a brillar ante mí para que pueda seguir tu camino y no me pierda lejos de ti, donde tu voluntad no pueda alcanzarme.

Tú, señor, eres mi Dios: a ti te busco solícito: sedienta de ti esta mi alma, mi carne languidece en pos de ti, como tierra árida, sedienta, sin agua. (Salmo 62.2)

Tú me llamas, Señor, lo sé. Tú me llamas y yo quiero responderte. Me pongo en pie, estoy a punto, iré donde tú quieras, quiero hacer tu voluntad.

Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, y renueva dentro de mí un espíritu recto. No me arrojes de tu presencia y no quites de mí tu santo espíritu. (Salmo 50.12-13)

Cristo Jesús, oh fuego que abrasa, que las tinieblas en mí no tengan voz. Cristo Jesús, disipa mis sombras. Y que en mí sólo hale tu amor.

En ti, Señor, reposa todo mi ser. He dido amado por ti. Sí, sólo en ti se alumbra la esperanza. En ti sólo, Señor.

Oración para pedir el perdón

Desde lo hondo a ti grito, Señor:

Señor, escucha mi voz:

Estén tus oídos atentos

A la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor.

¿Quién podrá resistir?

Pero de ti procede el perdón,

Y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,

Espera en su palabra:

Mi alma aguarda al Señor,

Más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor,

Como el centinela la aurora;

Porque el Señor viene la misericordia,

La redención copiosa:

Y él redimirá a Israel

De todos sus delitos.

Salmo 129

Oración confiada en la aflicción

A ti, Señor, me acojo:

No quede yo nunca defraudado;

Tú, que eres justo, ponme a salvo,

Inclina tú oído hacia mí, ven aprisa a librarme,

Sé la roca de mi refugio.

Un baluarte donde me salve,

Tú que eres mi roca y mi baluarte;

Por tu nombre dirígeme y guíame;

Sácame de la red que me han tendido,

Porque tú eres mi amparo.

A tus manos encomiendo mi espíritu:

Tú, el Dios leal, me librarás.

Del Salmo 30

Sólo en Dios hay que esperar

Sólo en Dios se aquieta mi alma,

Pues de El viene mi salvación.

El sólo es mi roca y mi salvación,

Mi ciudadela; no vacilaré jamás.

Del Salmo 61

Señor, Jesús; cuando me abata el desanime, cuando me canse de mí y crea que no valgo para nada y que ya no puede hacer nada por cambiarme, dime;

“hombre de poca fe, ¿por qué dudas de mí?

Cuando crea que no vale la pena luchas, que todo quedará igual, que el mundo no puede cambiar, que no hay nada que hacer, dime: “Confía, yo he vencido al mundo”. (Vicente Marqués)

Sólo en Dios se aquieta mi alma,

Pues de El viene mi salvación.

El sólo es mi roca y mi salvación,

Mi ciudadela; no vacilaré jamás.

Del Salmo 61

Dame coraje, Señor

Señor, Jesús; cuando me abata el desanime, cuando me canse de mí y crea que no valgo para nada y que ya no puede hacer nada por cambiarme, dime;

“hombre de poca fe, ¿por qué dudas de mí?

Cuando crea que no vale la pena luchas, que todo quedará igual, que el mundo no puede cambiar, que no hay nada que hacer, dime: “Confía, yo he vencido al mundo”. (Vicente Marqués)

En tus manos, Padre

Padre, me pongo en tus manos,

Haz de mí lo que quieras, sea lo que sea,

Te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo,

Con tal que tu voluntad

Se cumpla en mí en todas tus criaturas,

No deseo nada más, adre,

Te confío mi alma, te la doy

Con todo el amor de que soy capaz

Porque te amo y necesito darme,

Ponerme en tus manos sin medida,

Con una infinita confianza,

Porque Tú eres mi Padre.

(Carlos de Foucauld)

Hazme, Señor, instrumento de tu paz

¡Haz de mi, Señor, instrumento de tu paz!

Que donde haya odio, ponga amor.

Donde haya ofensa, ponga perdón.

Donde haya mentira, ponga verdad.

Donde haya duda, ponga fe.

Donde haya desesperación, ponga luz.

Donde haya tristeza ponga alegría.

Que no me empeñe tanto en ser consolado como en consolar.

En ser comprendido, como en comprender.

En ser amado, como en amar.

Pues dando, se recibe.

Olvidando, se encuentra.

Perdonando, se es perdonado.

Muriendo, se resucita a la vida eterna

(Francisco de Asís)

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