Recetas Jubilares

La receta jubilar por excelencia: Cada mañana para desayunar es bueno tomarse varias toneladas de paciencia, pero, como fuere que una cantidad tan grande puede indijestarse, conviene aliñarla con unas cuantas cucharadas de simpatía, para lo cual ofrecemos un truco absolutamente infalible: de cada seis cosas que usted diga, siete han de ser ocurrencias positivas, que destierren toda crítica, toda ironía hiriente y cualquier clase de sarcasmo estúpido.

A media mañana vendrá bien una dosis de esperanza con o sin leche, o bien, especialmente revestida de lo que en Andalucía siempre hemos llamado “buena leche”.

Para almorzar es estupendo no renunciar a nada indijesto: todo esfuerzo, todo mérito y todo trabajo han de hacerse con el menor grado posible de orgullo y el mejor espíritu de colaboración.

Para la cena recomendamos uno de los manjares más extraños y originales que puedan pensarse: es extraordinariamente digestivo jamás produce ardores de estómago, en Guadix llamados “rescordina”. Se trata de la humildad, una de las comidas más necesarias e imprescindibles que nuestro Jubileo puede ayudar a alcanzar porque es un fiesta de la misericordia de Dios y del cambio de la persona humana.

No estará de más añadir en todas las recetas un mucho de buen humor y hasta un poco de sentido común. Amén, aleluya.

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